En la década de los 80, el abogado estadounidense nacido en Baltimore, Robert  McDowell Parker,  produjo un exceso de sensacionalismo en el mundo del vino  con el diseño de una escala de juzgamiento  de entre 50 y 100 puntos con la cual se pretendía catalogar la calidad de los vinos. Fue así como se convirtió en uno de los críticos   de vino más influyentes del planeta. De tal modo que si a Parker le gustaba un vino, éste recibía una alta calificación y el vino se vendía, los precios subían y la gente ganaba dinero. Wine Advocate , la revista de Parker, se convirtió en lectura obligada por la gente amante del vino  en todo el mundo y de su  primera edición que constaba de unos pocos ejemplares de distribución gratuita rapidamente alcanzó  miles de suscriptores en las ediciones sucesivas.

Pero el sistema del señor Parker, conocido también como la parkerización del vino, y que tuvo fuerte influencia sobre los pocos periodistas colombianos que han escrito sobre el tema, padecía de un serio déficit: las etiquetas de los vinos eran visibles a los ojos de Parker, por lo tanto Parker sabía de qué vino se trataba y de dónde provenía el vino.  Además era sólo UNA persona la que de forma indiscriminada catalogaba  si un vino era bueno o malo. Y este juego a la Parker facilitó  un fin monetario de oscuras pretensiones… Muchas bodegas del mundo se prestaron para caerle simplemente bien a Parker y se olvidaron del vino, de la tierra, de su historia y de su alma. 

No obstante, la evolución universal del vino llegó a la conclusión que la verdadera opinión sobre la calidad de un vino la da la cata a ciegas. En 1996 se crea la Asociación Mundial de Periodistas y Escritores de Vinos y Licores ( WAWWJ, por sus siglas en inglés ) a la cabeza de Bruce  Galphin, Jerry Mead y Raul Castellani. Es entonces cuando surgen los concursos de vinos avalados por la OIV (organización mundial de la vid y el vino ) en donde periódicamente expertos provenientes de países de los 5 continentes evalúan  de forma sana e idónea y en catas a CIEGAS los vinos que provienen de todos los confines del planeta. En estos concursos nadie sabe de dónde proviene el vino y  los vinos compiten de tú a tú. Se juzga el vino sólo por su calidad.  

Pareciera ilógico pensar que ,de acuerdo a las obsoletas teorías de las franjas vitícolas, países como Colombia pretendieran irrumpir en la escena mundial del vino. “Colombia no es tierra para vinos”, es el comentario nefasto e infundado que ha circulado siempre en el ambiente. Pero la realidad es otra , la demostración plausible del cambio de los tiempos: Colombia, a través de una Viña Antioqueña (VIÑA SICILIA) ubicada en el municipio de Olaya, entró al protagonismo mundial del vino: 12 premios internacionales en países como Argentina, USA e Israel, ganados  en  los últimos 19 meses y compitiendo contra los mejores vinos del mundo,  hacen trizas el concepto adocenado  que Colombia no es tierra para vinos.

En prestigiosos concursos internacionales de vinos como Finger Lakes International  Wine Competition (2015 y 2016), Vinus (2014 y 2015), Mediterranean Wine Challenge (2014 y 2015) ,  La Mujer Elige (2014) y recientemente Taster Guild International Wine Competition (2016),  el nombre de Colombia ha quedado plasmado en la élite de los vinos:  3 medallas de Oro,  7 medallas de Plata y 2 medallas de Bronce confirman lo que No es fruto de la casualidad.   En el escalafón de la Asociación Mundial de Periodistas y Escritores de Vinos y Licores aparece Viña Sicilia, por segundo año consecutivo, como el mejor viñedo de Colombia y en la clasificación del mismo organismo mundial aparecen 4 vinos colombianos todos producidos por  Viña Sicilia (Vino Bianco cosechas 2013 y 2014, Vino Nero D´Avola cosecha 2014 y Vino Malbec Rosé cosecha 2014).

Los premios ganados por la viña antioqueña han sido la suma  del esfuerzo y del trabajo metódico e incansable, son el   fruto de una tierra pródiga y noble que emerge, para sorpresa de muchos, con vinos que comienzan a escribir la historia del siglo XXI.